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LA FIGURA DEL INTÉRPRETE, DEL GUÍA Y DEL TRAIDOR EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA LATINA

The figure of the interpreter, the guide and the traitor in the conquest of Latin America

La figure de l’interprète, du guide et du traître dans la conquête de l’Amérique Latine

YAPI Kouassi Michel
Enseignant-Chercheur
Université Félix Houphouët-Boigny
kouadjokpli@gmail.com

Résumé

Mots-clés, Keywords, Palabras clave

intérpretes, traductores, guía, derrota, imperios, conquista de América
interpreters, translators, guide, defeat, empires, conquest of America
interprètes, traducteurs, guide, défaite, empires, conquête de l’Amérique

TEXTE INTÉGRAL

Introducción
La interpretación no es una actividad reciente. Data de la época en que la necesidad de vivir en una comunidad unida por valores se impuso al hombre. En efecto, es consecutivo a la larga evolución y a las vastas migraciones que llevaron a nuestros antepasados a la convivencia con sus semejantes. No es solo el producto de un encuentro, sino el resultado de la facultad del lenguaje que ha acompañado el desarrollo de la capacidad de vivir en sociedad. ¿No requiere la organización social algún medio de comunicación como canal para compartir una serie de requisitos y valores?
«En Egipto, por ejemplo, la mayoría de los intérpretes han permanecido en el anonimato, pero su intervención en todos los niveles de la vida social» es confirmada por la Biblia a través del libro de las Génesis (C. de Valera 1569, 2002, p.21) donde está escrito que, «Y ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos.»
Según Gardiner, durante su viaje a Egipto, Heródoto regresó a Elefantina, habló en varias ocasiones de los intérpretes, a quienes presentó como una casta independiente. ¿No es esta razón que avanza el libro de las Génesis, hablando de la Torre de Babel destruida cuando nos dice que «Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí mezcló el SEÑOR el lenguaje de toda la tierra, ¿y de allí los esparció sobre la faz de toda la tierra?» (C. de Valera, 1569, 2002, p.27) y que, a raíz del diluvio, como avanzan el mismo libro de Las Génesis:
Por éstos fueron partidas las islas de los gentiles en sus tierras, cada cual, según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones (…) Estos son los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones (…) Y fue su habitación desde Mesa viniendo de Sefar, monte de oriente. (C. de Valera 1569, 2002, p.28)

Esta misma información, lo sostiene Van Oof, cuando argumenta que:
Por tanto, podemos imaginar que, desde los primeros contactos de estas comunidades de diferentes lenguas, para entenderse, tuvieron que recurrir a intermediarios que, con el tiempo y según los pueblos, se han llamado turgumânu (entre los asirios y los Babilonios), tardjumân (entre los árabes, de ahí trucheman y dragoman en francés), tilmatch (entre los turcos, de ahí tolmatch en ruso y Dolmetscher en alemán), interpres (entre los romanos, de ahí el intérprete francés)
El trabajo es necesario en contextos en que el hablante y el oyente (la audiencia) usan diferentes idiomas: para que puedan entenderse, es necesario que haya alguien que conozca ambos idiomas lo suficientemente bien para poder traducir y repetir el discurso de un idioma a otro. El intérprete escucha el idioma de origen, comprende cada palabra y la estructura sintáctica del discurso, interpreta su significado y lo traduce a un discurso equivalente en el idioma de destino, respetando no solo el significado literal, sino también los matices de la entonación. Debe tener un conocimiento muy profundo de ambos idiomas, estar al día en expresiones, léxico técnico y términos característicos de un sector determinado. Ésta es la razón por la que los intérpretes generalmente se especializan en dos o tres idiomas.
Hoy estamos lejos de imaginar que, en la Edad Media, entre piras y muerte por estrangulamiento, ser intérprete era una tarea difícil. Interpretar era un trabajo muy arriesgado. Aún estamos lejos de imaginar que en el momento del encuentro entre la civilización occidental y la de América Latina, la interpretación aún no era obvia. No fue una empresa fácil, porque para las personas que nunca se conocían, y que se estaban viéndose por primera vez, uno podía imaginar el tipo de lenguaje utilizado durante los primeros intercambios. Como lo decía Colón en sus diarios: «Estos encuentros, además de infrecuentes, no fueron pacíficos. El secuestro de los indígenas por la fuerza fue el primer paso de dicha falta de comunicación. Colón en 1492 tomó unos cuantos prisioneros en su primer viaje» (Diario de Colón, 1972, p.3)
El encuentro de los dos mundos, América y Europa, supuso un choque entre estas dos civilizaciones, la de Occidente y la de América, porque en muchos aspectos las dos civilizaciones son muy diferentes en cuanto a la lengua, cultura, organización social, religión, ética y visión. Siendo el lenguaje muy primordial en todas las relaciones humanas, y por tanto en el proceso de conquista de América Latina, su peso en este encuentro fue un elemento determinante porque el lenguaje es el instrumento característico de la comunicación humana. Nartran no dice el contrario:
La labor de los intérpretes en el descubrimiento de América (1492) desempeñó un papel fundamental, ya que hizo posible la comunicación entre españoles e indoamericanos y ayudó a tender puentes entre diferentes lenguas y culturas. A continuación, recogemos una breve biografía de los mediadores lingüísticos más destacados de este proceso.
Para entender cómo se desarrollaron los primeros intercambios entre españoles y pueblos originarios de América Latina, debemos referirnos a Fray Bartolomé de las Casas y Francisco López de Gómara, secretario de Hernán Cortés, quienes afirman, según avanza Varela (2014) que «los primeros encuentros se caracterizaron por un lenguaje gestual, intersemiótico, utilizando las manos como lenguaje ». De este gesto nacerá una comunicación oral porque posteriormente los intérpretes adquirieron grandes habilidades, que facilitaron el entendimiento mutuo.
¿En qué contextos se produjeron las primeras interpretaciones durante los primeros encuentros entre españoles y pueblos de América Latina? ¿Cómo fueron estas interpretaciones para que todo se inclinara a favor de los recién llegados? ¿Quiénes fueron los intérpretes? ¿Cómo fueron elegidos? ¿hubo traición por parte de los intérpretes? ¿Por qué y cómo nació el sentimiento de traición en este encuentro? ¿Fue la combinación intérprete-guía un elemento que contribuyó en el derrumbo de los reinos precolombinos en la conquista española? ¿Quién representa la figura del intérprete y del traidor en aquella conquista española en América Latina?
El principal objetivo al abordar este estudio es buscar comprender la figura del intérprete, del guía y del traidor en la conquista de América Latina. A este objetivo principal, sumamos objetivos específicos que consisten en recopilar fuentes secundarias que nos brinden información sobre la figura del guía, del intérprete y del traidor en este momento, así como la zona geográfica de interés y los personajes quienes desempeñaron estos papeles durante aquellas expediciones. Luego, analizaremos las principales características del guía y el traidor en el encuentro entre los dos mundos.
En cuanto a la metodología de este artículo, se procederá a una revisión bibliográfica, que tomará en cuenta la recopilación de fuentes secundarias y su posterior análisis cualitativo. A esta búsqueda bibliográfica le seguirá una interpretación de los roles de los distintos personajes históricos que serán citados en nuestro estudio, lo que permitirá determinar quién de los intérpretes o guías desempeñó el papel de traidor en este encuentro.
1. La figura del intérprete
Hablar del encuentro de dos mundos o civilizaciones sin el aporte de los intérpretes no tendría ningún sentido, porque este encuentro no hubiera sido posible sin comunicación, sin intercambios, sin interpretación. La llegada de los exploradores a las Américas, por lo tanto, auguraba ya su contribución al proceso continuo de convivencia, cooperación y colaboración futura. Sin embargo, aunque los españoles habían pensado en la utilidad de los intérpretes antes de ir a la aventura, y que por ello Cristóbal Colón iba acompañado de algunos intérpretes, las realidades sobre el terreno dificultaban la tarea, pues tenían frente a ellos, a pueblos con lenguajes no conocidos, lo que requirió una revisión de su estrategia de comunicación inicial una vez llegados allí. En realidad, la tarea de interpretación es una tarea tediosa y requiere un perfecto conocimiento del idioma de origen y él de llegada.
A partir de estudios realizados por el profesor Georges Bastin, podríamos llegar a la evidencia de que la profesión de intérprete no fue consecutiva a la llegada de los españoles al territorio americano. Para este profesor, «había intérpretes en América antes de la llegada de Colón, por su carácter multiétnico en la región» . Como los pueblos conviven en un mismo espacio, como subraya Guinet (2018), tenían que comunicarse entre sí a pesar de que hablaban diferentes idiomas:
Mesoamérica es un territorio que se extiende desde el Trópico de Cáncer en el norte hasta el Istmo de Panamá en el sur. En esta zona geográfica convivían pueblos que hablaban náhuatl, maya u otomí … Circulaban libremente, sin límites fronterizos, y compartían una cultura común. De hecho, tenían prácticas sociales, religiosas y de culto idénticas. Una de las condiciones de esta convivencia fue que todos hablaran los idiomas más importantes de Mesoamérica. Es ilusorio querer trazar un mapa lingüístico de esta región, porque en el mismo lugar se utilizaron varios modismos .
Dada la importancia que jugaron los intérpretes en las distintas expediciones, algunos escritores como Varela, (2014), han argumentado que sin ellos seguramente Pizarro y Cortés habrían fracasado. Es precisamente por este papel determinante que Colón les dio un lugar de honor en su plan de viaje. De hecho, durante sus expediciones, Colón trajo consigo intérpretes del hebreo, del árabe y otras lenguas asiáticas como el caldeo. Esta realidad es confirmada por Louis-Philippe May, quien afirma:
El éxodo tuvo lugar el 2 de agosto, y Colón esperó la ejecución de esta medida antes de levar anclas: subió a bordo a sus tripulaciones el 2 de agosto, pero no salió hasta la madrugada del día siguiente. Evidentemente, quería ponerse en línea con el Cielo y sus intérpretes, alejándose de la península después de su total liberación, y el 3, el número de la Trinidad. (L.-P. MAY, 1956, p.15)
Consciente de las dificultades encontradas allí, y para superar este problema de intérpretes para llevar a cabo su proyecto, Colón, a su regreso a España, toma cautivos a algunos indios. Inicialmente, por tanto, la estrategia de Colón fue «capturar a los pueblos indígenas para llevarlos a España a aprender español, para que luego pudieran realizar tareas de interpretación» (Kurz, 2012, p.17; Díaz, 2015, p.23) y a través de la misma ocasión, desempeñar el papel de guías a sabiendas que conocen el territorio y también las lenguas de los pueblos indígenas.
A partir de entonces, el papel del intérprete y del guía se hace evidente y estrechamente ligado ya que posteriormente, Cristóbal Colón se dirigió a La Española (Haití y República Dominicana, actualmente) dónde bautizaron a un joven de la isla de Guanahaní (Bahamas), capturado en 1492. Si le importaban tanto los intérpretes, es porque son de capital importancia como lo revela Jesús Baigorri Jalón, (2019):
El traductor y el intérprete, “empotrados” dentro del sistema y de las unidades en que estaban encuadrados desempeñaban la delicadísima función de dar nombre en otros idiomas a ideas y palabras dotadas de una carga semántica cuya subversión podía significar destierro y muerte. (J. B. Jalón, 2019, p.85)
Pero ¿Se llevó a cabo de manera pacífica y consensuada la colaboración con los intérpretes? ¿En qué estado de ánimo trabajaron estos intérpretes?
Para la mayor parte de los intérpretes aquella fue la primera oportunidad de su vida en la que desempeñar este papel especial. Por decirlo así, muchos fueron forzados a utilizar los servicios de personas de las que se esperaba un mínimo conocimiento. Se sabe además que algunos de aquellos que actuaron como intérpretes habían aprendido los idiomas como resultado de migraciones a veces forzadas o de etapas largas de residencia en España donde se hablaba únicamente el castellano.
La relación del intérprete con la comunidad indígena era muy compleja, predominantemente de desconfianza, oportunismo, colaboración hipócrita, explotación mutua e incluso traición. independientemente de sus orígenes y estatus en la estratificación social tradicional, el intérprete forma parte inmediatamente, como todos los nativos llamados avanzados, de la élite emergente que está llamada a desempeñar los papeles principales en la nueva sociedad impuesta por el colonizador. Por lo tanto, era a la vez uno de los símbolos claves del colaboracionista de la sociedad tradicional y una de las encarnaciones del nuevo orden establecido por el orden colonial.
En general, goza de una gran notoriedad por ser la unión entre la población y los españoles y eso se explica por varias razones: es capaz de hablar español. Por tanto, se considera como una persona que domina el genio del hombre blanco y que, por lo tanto, puede competir en pie de igualdad con este último; Además, como resultado de sus funciones, el intérprete era el colaborador indígena más cercano del conquistador español. Por eso es por lo que la población cuenta con él para defenderla y velar por sus intereses. De ello se percibe de forma clara que el intérprete ejercía una influencia notable sobre la gente y los acontecimientos de su región. En general, pasa la mayor parte de su tiempo sirviendo a los españoles, sus jefes y obedeciéndoles como un robot, lo que por cierto no le impidió obtener de ellos unos privilegios que otros no podían tener. Como tal, si el conquistador es considerado un dios, el intérprete se convierte en un semidiós entre sus compañeros.
En términos generales, los intérpretes actuaron al servicio del bando con el que se sentían ideológica y/o socialmente cercanos. A eso, se puede añadir el prestigio de constituir un puente, una cadena o sea un ancla entre dos civilizaciones cuyo destino se encuentra y los obliga a una colaboración legal pero forzosa. Este privilegio de hacer tal trabajo confería una importancia fundamental que habría impactado su trabajo. Sin embargo, se puede imaginar pues que debió de haber no pocos casos en los que por azar actuarían como intérpretes “empotrados” en el bando contrario a sus posiciones de nativos o colaboradores directos de los españoles. De aquí, la cuestión espinosa de la fidelidad. ¿Eran fieles a sus mandos, a sus pueblos a las lenguas o jugaron el papel de mediador coherente entre dos civilizaciones con diferentes posiciones? Por ejemplo, ¿en qué medida se fiaron los españoles o nativos latinos conocedores de sus lenguas, pero no necesariamente afines a las posiciones oficiales? La cuestión del “intérprete comprometido con la causa” frente al “intérprete neutral” ha hecho que los nativos no se fiaban realmente en ellos.
Parece claro que las funciones del intérprete o mediador lingüístico y cultural en tiempo de descubrimiento suele plantear algunos problemas estratégicos que merecen ser mencionados. Para empezar, no se hace distinción entre la persona que interpreta o traduce, porque se supone que les toca ejercer las dos tareas. Les tocó actuar como enlaces en el sentido lingüístico, pero también en lo explorador, es decir, enmarcados en las expediciones de Cristóbal Colón como guiadores, en situaciones a menudo de estrés, como si estuvieran entre el diablo y el océano profundo.

2. La figura del traidor
La figura del traidor está permanentemente presente en el imaginario popular de los latinoamericanos. Esta figura remonta a la conquista española. Está presente en las mentalidades individuales y colectivas y ciertas figuras históricas, la más conocida de las cuales sigue siendo La Malinche. Sin embargo, la lista de los que los latinos llaman traidores es larga y no solo concierne a la Malinche.
Hablar de un traidor en un contexto colonial de dimensiones inmanejables no es algo fácil, por lo que, sin un análisis profundo de la situación, sería difícil entender esta figura del traidor como el entretejido es tan diverso. La posición de traidor es consustancial con la caída de los imperios en América Latina: ¿por qué hablamos de traidores en una relación donde las personas actuaban como guiones entre dos civilizaciones? ¿Por qué se ve al intérprete indio como un traidor? ¿Qué motivaciones habrían llevado a estos intérpretes indios a unirse en beneficio de Cristóbal Colón? ¿La traición siempre está motivada por la expectativa de ganancia y, de ser así, cuál fue la naturaleza de esa ganancia? ¿Cuáles fueron las consecuencias sociales, políticas y religiosas de sus acciones para que fueran definitivamente categorizados como traidores? Estas preguntas pueden encontrar sus respuestas con Eichel-Lojkine quién piensa que:
Il n’est pire expérience et aux conséquences plus fatales que celle de la trahison, dans tous les sens du terme: forfaiture favorisant l’action de l’ennemi; manquement à un engagement; infidélité en amour. Il n’est pire crainte pour un roi que de voir un prince de sang passer à l’ennemi; pire soupçon pour une communauté que de recéler un félon en son sein; pire désespoir pour un cœur sincère que de se découvrir abusé. Confronté à la trahison, les uns ou les autres n’ont que peu de ressources. (P. Eichel-Lojkine, 2009, p.21)
Hablar de traidores, es situar las responsabilidades entre quienes desempeñaron el papel de intérpretes y al mismo tiempo sirvieron de guías, y quienes, según sus acusadores, se pusieron del lado de los “invasores”, y traicionaron a su pueblo revelando secretos desconocidos por los españoles; esto supone un análisis de las condiciones que se impusieron o no en el ejercicio de sus actividades durante este período, las elecciones realizadas, las trampas que pudieron evitar, pero que por razones que les eran propias, más bien hicieron la elección en detrimento de sus propios hermanos.
En efecto, tres grupos de intérpretes se presentan en el contexto de la conquista colonial: los que acompañaron a Cristóbal Colon cuando llegaba a América latina, los españoles indianizados, y los indios capturados y forzados a viajar a España con Colón cuando regresaba a España después de la primera expedición. A estos tres grupos, se puede sumar a los indios de la nobleza que, en su rendición, trajeron consigo, a toda su gente; por último, hay la categoría de las indias amantes de los cargadores que aprendieron español y se hicieron intérpretes.
Lo que hay que señalar es que surgió un problema de apreciación del trabajo de los intérpretes nativos, no el de los españoles y de las demás nacionalidades que estuvieron con Cristóbal Colón considerados como agentes del mal ya que se sabe que su posición oficial favorecía a los españoles. Los nativos nunca habían confiado en la objetividad de sus propios hermanos intérpretes porque el contexto que los convirtió en intérpretes fue una relación de dominados y dominadores, obligados y obligadores, una relación de sumisión, porque habría de decir cosas que los hubieran condenado o liberado. Además, habrían revelado secretos a los españoles que habrían utilizado para llevar a cabo su misión. También hay otro hecho: las dificultades del idioma en sí mismas. El hecho de aceptar la colaboración en vez de huir como aquellos intérpretes que desaparecieron para escapar al cargo podría ser también la fuente de su “misión de traidores”.
Con su colaboración con los “invasores españoles”, a veces dieron la impresión de identificarse casi exclusivamente con ellos, ya que eran percibidos como únicos depositarios de la ortodoxia casi religiosa del pensamiento del conquistador. “Incrustado” en el sistema y las unidades en las que se enmarcaba, el intérprete cumplía la muy delicada función de dar nombres en otros lenguajes a ideas y palabras dotadas de una carga semántica cuya subversión podía significar traición.
Este es el caso de Diego Colón. Capturado en Guanahaní en San Salvador durante el primer viaje de Colón en 1492. Trasladado a España, fue bautizado por Cristóbal Colón, quién le dio el nombre de su hijo legítimo. Este acto podría haber sido uno de los motivos por el cual, este intérprete fue tratado de traidor a su regreso de España.
Según las crónicas, fue un buen intérprete, cosa que confirmaron primero, Bartolomé de las Casas, quien reveló que, «a su llegada a La Española en 1493, tradujo un discurso de un viejo cacique sobre teología indígena», como lo menciona Manuel Villalba Fernández (2019)
Según dice Pedro Mártir de Anglería, los indígenas se acercaron a los españoles sin miedo, fue gracias a su trabajo de interpretación. Regresa en 1503 regresa a España, con dos jefes, y vivió allí un tiempo antes de regresar en 1508 a dicha isla y en 1514. Fue repudiado por su pueblo según ciertos textos, no solo por su larga estancia con los españoles, sino porque esta imagen de traidor se le pegó en la piel. (Fernández, 2019, p.7).

En esta tarea de interpretación, el elemento emocional y afectivo habría podido ser fundamental; por supuesto, haber jugado un papel nada despreciable, lo que evidentemente habría reforzado la sospecha de traición como es el caso de La Malinche. Sabemos que algunos de los que actuaron como intérpretes aprendieron idiomas como resultado de viajes forzados. La dificultad reside en el hecho de que la transmisión de los contenidos de los intercambios a veces no se produjo por falta de intérprete o de interpretaciones erróneas, es decir, interpretaciones sin sentido.
El aprendizaje y el dominio del idioma español se ha realizado, para la mayor parte de los intérpretes, a través del contacto directo con sus hablantes locales. En este caso, se puede darse cuenta de que las misiones de conquista sirvieron más como una experiencia de inmersión lingüística, así como una práctica para el aprendizaje de la interpretación y traducción a través de la práctica del oficio.
Como se ha señalado antes, en general e ideológicamente, los intérpretes deberían ser más cercanos a sus pueblos. Pero, actuaron al servicio de los españoles con los que sentían su oficio como un deber y un reconocimiento. Surge pues la espinosa cuestión de la lealtad: la cuestión del “intérprete contratado” versus el “intérprete neutral”.
¿Fueron leales a su gente, sus pueblos o a las lenguas? Por ejemplo, ¿cuántos nativos confiaban en las personas que han se fueron a España, en barcos, y han pasado meses enteros con los colonos, y que regresaron como empleados con este orgullo de conocer a España, su gente y colaborar directamente con los españoles?
Se nota de forma clara que las funciones del intérprete o del mediador lingüístico y cultural en tiempos de conquista a menudo van más allá de las que uno está acostumbrado a ver en tiempo de paz. Actuaron no solo como agentes de transmisión de informaciones por una y otra parte, pero, muy a veces, fueron guías ya que eran quienes conocían mejor el terreno, los problemas entre diferentes pueblos, unos dominadores, otros, más pequeños que sufrían frecuentes ataques de los más fuertes y por este hecho, se habían convertido en enemigos y dispuestos a aliarse con un salvador para rescatarlos. En algunas ocasiones, la especialización podría llevarlos directamente al espionaje para satisfacer a sur director.
Fue el caso de Felipillo gracias a quien fue posible la conquista del Perú por Pizarro. Éste fue el principal intérprete, y en peculiar de la encerrona de Cajamarca, en la que los españoles derribaron al último gobernante inca, Atahualpa y todo su imperio. Después de su captura y su aprendizaje del español en España, Felipillo se estableció para acompañar a Pizarro y Diego de Almagro en sus expediciones. Efectivamente, «sin Felipillo no se podría haber hecho el pedido al Inca Atahualpa: aceptación del cristianismo y sumisión a la soberanía de la Corona española, ya que la ley requería la presencia de notario y un intérprete en estos materiales» (L.-A. De La Cuesta, 1992, p: 27). Además de aprender el quechua en Túmbez, éste, originario de Puná, aprendió también el castellano gracias a sus conexiones con los soldados españoles.
Según los historiadores, Felipillo no fue fiel en su interpretación, al tomar posición para sus mandatarios y fue ofensivo para el Rey Inca. Era de una tribu enemiga a los Incas. Otros autores afirman, hablando de la traición de Atahualpa, el juego turbio, las traducciones voluntariamente falseadas, las insinuaciones intencionales de Felipillo, el traductor principal de Francisco Pizarro, quien lo había llevado a España. Francisco Pizarro le tomó gran cariño a este ‘ahijado’ y servidor suyo por lo listo e inteligente que era y por haber adoptado su apellido. Es lo que confirma Bernard Lavallé cuando dice:
Proveniente de una etnia de la costa norte del Perú que había sufrido mucho con Atahualpa, se le había entregado, durante el reparto de mujeres indias la noche de la emboscada de Cajamarca, a una cautiva que resultó ser una de las hermanas del Inca. Por este motivo éste sintió un despecho muy profundo debido al origen humilde del intérprete e hizo nacer una muy fuerte enemistad entre los dos hombres. (B. Lavallé, 2013, p.128)
Para ello, Felipillo cambió los amistosos mensajes de Pizarro a Atahualpa, obligando a Atahualpa a responder ofendiendo a los españoles y blasfemando la fe cristiana. La consecuencia fue rumores de preparativos encubiertos para un ataque del rey.
Martinillo se convertiría en un fiel seguidor de los Pizarro, a quienes serviría en las buenas y en las malas. Gracias a ellos, obtendría hacienda y detentaría un respetado cargo vinculado con su oficio de intérprete: se casaría con una señora española; llegaría a tener un esclavo negro a su servicio, y adquiriría el nombre de ‘don Martín’, apelativo reservado a los curacas y jefes .
La figura del traidor aparece cuando el indio, después de aprender a manejar el idioma español, viaja a España, forja una relación íntima con el invasor, y al haberse posicionado como el eslabón esencial entre las dos civilizaciones, le dio la espalda a su propio pueblo. Así, volvió a servir de guía para acompañar a los españoles, hilar el secreto de sus propios hermanos. En tanto como tal, guiaron a los españoles gracias a su perfecto conocimiento del territorio, lo que seguramente, les permitió descubrir los secretos escondidos y maravillas sin los cuales, España no hubiera tenido las riquezas que hicieron de esta nación, la más grande de aquella época.
Un guía es aquel que muestra el camino a seguir para alcanzar su meta. Durante la conquista, el guía apareció como el compañero imprescindible de los exploradores. Este papel se determinó durante las distintas expediciones españolas en territorio latinoamericano. De hecho, los españoles no tenían conocimiento ni control del territorio que habían llegado a conocer. Por tanto, sus diversos movimientos requerían la presencia de una persona que conociera perfectamente la zona.
3. El caso típico de La Malinche
La Malinche, también conocida como Doña Marina, Malintzin o Malinalli era una mujer náhuatl originaria del actual estado mexicano de Veracruz. Según Cypress, citado por Lalekou, «Malintzin, Chingada, Doña Marina, Malinalli-Tenépal y Llorona, son otros nombres y apodos de la Malinche (L. K. Lalekou, 2019, p.148). «En 1519, fue una de las veinte mujeres esclavas dadas como tributo a los españoles por los indígenas de Tabasco, tras la batalla de Centla.» (D. Barreira, 2019) . Esta mujer aparece en todos los relatos de la época. Si para algunos nativos, la Malinche habría buscado proteger a los Mayas contra la dominación azteca y mitigar la violencia de las tropas españolas, otros, más numerosos. creen que al proporcionarle a Cortés información y contexto valiosos, precipitó la caída de los líderes aztecas y mayas.
Principal traductora de Moctezuma II y Hernán Cortés, sus detractores la presentan como una mujer clave en el sometimiento de los pueblos mesoamericanos bajo el yugo español y la acusan de haber “vendido” a su pueblo. Por eso, es por lo que los relatos históricos la clasifican como una villana que traicionó a los mexicanos para sostener a su amante Cortés y darle la fuerza de “conquistar” el actual México.
Esta versión está corroborada por Alonzo quién afirma que la «Malinche tuvo descendencia con Cortés y también trabajó para él como asesora y espía» (Valero Garcés, 1996, p:72), además de diplomática y mediadora (A. I. Araguás, 2005, p. 351). «Su relación íntima con Cortés favoreció su fidelidad, lo que suponía una “alianza” entre los dos, y, según revelan los conquistadores, “la inclinación por el español”» (Vitar, 1996, p.157), como el joven Caamal de Cauacá, adoctrinado de forma intensiva quien luego de ser guía e intérprete, terminó siendo bogado.
«La Malinche obviamente terminó aprendiendo también español» (L.-A. De La Cuesta, 1992, p: 32), «convirtiéndose así en una figura emblemática y conocida como símbolo, no solo de interpretación, sino de mestizaje cultural.» (Todorov, 1993, p. 6; Vitar, 1992, p:183). La imagen de traidor que le pegan a la piel se observa a través de su fidelidad. Según los cronistas de la época, Malinche fue tan fiel en sus “maestros” que «se convirtió en el mismo Cortés en el sentido de reflejar fielmente sus intenciones”» (Vitar, 1992, p.159).
Otro elemento que le atribuye la imagen de traidora es el amor y gran respeto de los españoles a La Malinche y que contribuyó llamarla “Doña Marina”. «Cortés siempre estuvo acompañada por ella, que era “su voz y sus oídos”, aunque también actuó de manera autónoma y llegó a tener un cargo de considerable poder» (Kurz, 2012). Es también acreditada por traer el cristianismo de Europa al «Nuevo Mundo», cosa que impulsa a sus detractores a afirmar que, sin su ayuda, la conquista de los aztecas no hubiera sido tan rápida. Desde ese punto de vista, Marina es vista como alguien que traicionó a los pueblos indígenas al ponerse del lado de los españoles. (Menédez, Miguel: Malintzin en un fuste, seis rostros y una sola máscara, 1964, Editora La Prensa, México). Y con ella comienza también el proceso de mestizaje. De acuerdo con Norma Alarcón:
Existen suficientes manifestaciones del folklore, así como evidencia documental de naturaleza histórica y literaria, que permiten sugerir que la esclava Malintzin Tenepal fue transformada en el doble monstruo de Guadalupe y que su «estandarte» también funcionó como auxiliador e incitador del proceso de formación de la nación o, por lo menos, de la creación de perspectivas nacionalistas. […] Aún más, Malintzin puede compararse a Eva, sobre todo cuando se la ve como responsable de la pérdida de la gracia del pueblo mexicano y como la procreadora de un pueblo «caído» (Alarcón, ibid, p.54).
Así, en un extremo, se encuentra la madre, quien merece ser idolatrada por su fidelidad hacia la comunidad y su abnegación en el cuidado de los hijos; ella misma determina el polo opuesto: el de la mujer cuya maternidad deriva de una traición, de una entrega al que llegó de fuera. Otra cosa que se comprender es que la conquista de México, desde el punto de vista del lenguaje, presenta la figura de doña Marina como primordial en este proceso, y la comunicación como herramienta para alcanzar los objetivos. Doña Marina toma el poder por la palabra, el verbo, por los saberes de su cultura y la de sus “aliados”. Se ha vuelto la sometida y la intrusa, la “rebelde” ante una historia que la relegó, la negó, la expulsó de su propio vientre para hacerla lucir a través de la palabra, y darle otra identidad.
Desde esta perspectiva, el proceso de comunicación, así como las intenciones de Hernán Cortés o la utilización de este recurso disponible por parte de la Malinche son imprescindibles porque la conquista de México no hubiera sido posible sin ella y sin esta comunicación como estrategia. Entregada a los conquistadores como parte de un tributo, y por supuesto, junto con algunas gallinas, maíz, joyas, oro y otros objetos, descubrió en ella, los inmensos regalos que le entregó Dios, a sabiendas de que conocía las lenguas maya y náhuatl y por lo tanto una ocasión dorada para convertirse en la única «lengua» y suspiros de Hernán Cortés. Su historia es parecida a la de José, uno de los doce hijos de Jacob y el primero de dos hijos quien fue vendido como esclavo por sus hermanos celosos, pero que se convirtió en el hombre más poderoso de Egipto junto al faraón, según revela el libro de Las Genesis:
Y descendido José a Egipto, lo compró Potifar, oficial del Faraón, capitán de los de la guardia, varón egipcio, de mano de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Mas el SEÑOR fue con José, y fue varón prosperado; y estaba en la casa de su señor el egipcio. Y vio su señor que el SEÑOR era con él, y que todo lo que él hacía, el SEÑOR lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa, y entregó en su poder todo lo que tenía. Y aconteció que, desde cuando le dio el encargo de su casa, y de todo lo que tenía, el SEÑOR bendijo la casa del egipcio a causa de José; y la bendición del SEÑOR fue sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. Y dejó todo lo que tenía en la mano de José; ni con él sabía de nada más que del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia. (C. de Valera 1569, 2002, p.37)
El papel desempeñado por la Malinche no fue solo eso. Ella fue la “secretaria” de Cortés, la intérprete, la «lengua», la aliada, la consejera, la amante, en suma, una cierta fuerza amortiguadora entre dos individuos, de embajadora sin cartera, representada en varios de los códices como cuerpo interpuesto entre Cortés y los suyos y, para completar el cuadro, no se debe olvidar que a Cortés los nativos lo llamaban, por extensión, Malinche, lo que significa que los dos se han convertido en una y misma carne, como esa pareja perfecta promovida por Dios a través de la unión sagrada del matrimonio. Lo dice de forma clara la biblia en el libro de Marcos, 10:8-9; por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.
Al formar una sola y misma carne con Cortés, nace naturalmente una complicidad y los dos automáticamente se convierten en los peores enemigos de los mexicanos. Esta relación de traición marcó tanto a los espíritus que, el término malinchismo, popularizado en el periodismo de izquierda de la década de los cuarenta, reapareció después de la revolución y se aplicó a la burguesía desnacionalizada surgida en ese periodo: para la izquierda era entonces la cara del antipatriotismo. El escritor Octavio Paz, en su obra El laberinto de la soledad (1984), de ella dice:
Por contraposición a Guadalupe, que es la Madre virgen, la Chingada es la Madre violada… la pasividad [de la Chingada] es aún más abyecta: no ofrece resistencia a la violencia, es un montón inerte de sangre, huesos y polvo. Su mancha es constitucional y reside, según se ha dicho más arriba, en su sexo. Esta pasividad abierta al exterior la lleva a perder su identidad: es la Chingada. Pierde su nombre, no es nadie ya, se confunde con la nada, es la Nada. Doña Marina se ha convertido en una figura que representa a las indias, fascinadas, violadas o seducidas por los españoles. Y del mismo modo que el niño no perdona a su madre que lo abandona para ir en busca de su padre, el pueblo mexicano no perdona su traición a la Malinche. (O. Paz, 1984, p.34)
Así, en la mentalidad de los latinoamericanos, el pueblo fue traicionado por los intérpretes encabezados por la Malinche y con él, todos los mexicanos.


Conclusión
La cuestión fundamental del papel del intérprete durante el encuentro de los dos mundos, España y América Latina, a través de Cristóbal Colón no ha sido fácil. Cualesquiera que fueran sus orígenes y su estatus en la jerarquía social tradicional, el intérprete latinoamericano fue inmediatamente parte de ella, como todos los demás nativos llamados avanzados (es decir, expuestos a la civilización, gracias a la escolarización), de la élite emergente llamada a desempeñar los papeles principales en la nueva sociedad colonial.
Fue al mismo tiempo uno de los símbolos de las nuevas relaciones que se establecieron entre, por un lado, Occidente y, por otro, América Latina. Su controvertido papel en el colapso de la sociedad tradicional y una de las encarnaciones del nuevo orden establecido por la colonización dio lugar a la sensación de haber desempeñado el papel de traidor ya que estuvo en el centro de los intercambios y decisiones tomadas en esta época además de ejercer influencias sobre los hombres y los acontecimientos de su región. ¿Significa esto que debería ser llamado un traidor eterno?

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